
Cada 1 de noviembre, los cementerios se llenan de crisantemos. Es la flor de Todos los Santos por excelencia y casi todos la asociamos con el recuerdo y el luto.
Pero el crisantemo no nació para estar triste. Durante siglos fue la flor de los emperadores, de la longevidad y de la alegría. Su llegada a nuestros cementerios tiene fecha, motivo y una explicación muy de jardinero: florecía justo cuando hacía falta. Te contamos su historia y cómo cuidarlo para que te dure semanas.
Una "flor de oro" nacida en China
Su nombre lo dice todo. "Crisantemo" viene del griego chrysos (oro) y anthemon (flor): literalmente, la flor de oro. Su origen está en China, donde se cultiva desde al menos el siglo XV antes de Cristo. No solo se apreciaba por su belleza. También se le atribuían propiedades medicinales: la tradición decía que una infusión de crisantemo ayudaba a alargar la vida. Allí sigue siendo un símbolo de sabiduría.
En Japón, la flor del emperador
El crisantemo llegó a Japón hacia el siglo VIII y allí alcanzó su máximo prestigio. Se convirtió en el emblema de la familia imperial: el trono de Japón se conoce como el "Trono del Crisantemo".
El sello imperial es un crisantemo de 16 pétalos, y esa misma flor aparece en la portada del pasaporte japonés. En Japón simboliza longevidad, nobleza y felicidad.
Y un dato que sorprende a muchos es que las pequeñas flores amarillas que acompañan al sashimi son crisantemos comestibles.
Una flor alegre en medio mundo
Fuera de Europa, el crisantemo rara vez tiene un significado triste:
En Inglaterra se regala como gesto de amistad o para desear una pronta recuperación.
En Australia es la flor del Día de la Madre.
En Asia se asocia con la felicidad, el amor y la inmortalidad.
Entonces, ¿cómo acabó en nuestros cementerios?
1919: el año que cambió su destino
El crisantemo llegó a Europa en el siglo XVII gracias al comercio con Asia. Durante mucho tiempo fue una flor ornamental más.
A mediados del siglo XIX, en Francia, empezó a sustituir a las velas que se dejaban en las tumbas por Todos los Santos. Pero el gran salto llegó después de la Primera Guerra Mundial.
El 11 de noviembre de 1919, en el primer aniversario del Armisticio, el presidente francés Raymond Poincaré pidió llenar de flores las tumbas de los soldados caídos. Eran millones de tumbas, en pleno otoño. ¿Qué flor elegir?
El crisantemo ganó por pura lógica de jardinería:
Florece en otoño, justo en esas fechas.
Aguanta el frío y la humedad.
Se mantiene bonito varias semanas al aire libre.
El gesto se repitió año tras año, se trasladó al 1 de noviembre y cruzó fronteras. Llegó a Bélgica, a Italia y también a España. Hoy en Francia se venden más de 25 millones de macetas de crisantemo cada año. En otras palabras: el crisantemo no se eligió por triste, sino por resistente.
Por qué florece justo en otoño
El crisantemo es una planta de "día corto": florece cuando las noches se alargan. Por eso, de forma natural, abre sus flores entre octubre y noviembre.
Los viveros profesionales controlan las horas de luz y oscuridad para programar la floración y tener las plantas listas exactamente para Tots Sants.
Cómo cuidar tu crisantemo en maceta
Un crisantemo en maceta dura mucho más que un ramo de flor cortada, que en los nichos sufre con el sol y el viento. Con estos cuidados lo mantendrás bonito varias semanas:
Luz: colócalo en un lugar luminoso. En casa, cerca de una ventana; fuera, mejor semisombra que sol directo de mediodía.
Riego: mantén la tierra húmeda pero sin encharcar. Riega cuando la capa superficial esté seca y vacía el plato de debajo.
Flores marchitas: retíralas en cuanto se sequen. Así la planta dedica su energía a los capullos que quedan.
Después de la floración: no lo tires. Pódalo a unos 10-15 cm del suelo y sigue regándolo con moderación.
Al jardín: con los inviernos suaves, puedes trasplantarlo a tierra en primavera. Muchas plantas vuelven a florecer al otoño siguiente.
Si tienes dudas con tu planta, tráenos una foto o pásate por el garden y te asesoramos.
Una flor de memoria y también de vida
La próxima vez que veas un crisantemo, recuerda que es mucho más que la flor de Todos los Santos. Es la flor de los emperadores, de la longevidad y de la alegría. Y también, desde hace un siglo, la flor con la que recordamos a quienes ya no están.
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